Crónica de una última noche mágica

El estadio Eladio Rosabal Cordero, tal y como lo conocemos, vivió su último duelo. El escenario, casa del Club Sport Herediano desde 1949, será sujeto a remodelaciones a partir del 2 de enero próximo, gracias a un ambicioso proyecto que pretende ampliar su actual capacidad de ocho mil setecientos aficionados, a aproximadamente dieciséis mil.

Desde los inicios del Rosabal hasta hoy…

Las obras, dirigidas por Rafael Herrera, comenzaron un sábado 22 de diciembre de 1945, gracias a un crédito otorgado por el Banco Nacional de Costa Rica y el gobierno del licenciado Teodoro Picado Michalski. Meritorio también, fue el aporte de muchos miembros de la comunidad herediana.  

El reducto se inaugura finalmente un domingo 21 de agosto de 1949, con un encuentro entre los florenses y la Sociedad Gimnástica Española, donde el cuadro rojiamarillo se impuso con marcador de tres goles contra uno de los josefinos. Cabe aclarar que la fecha precisa de este acontecimiento ha sido sujeta a debate.

Desde la primera vez que el balón se movió en la cancha del Eladio Rosabal Cordero, bautizado así desde finales de los sesentas gracias a una moción del directivo Vicente Montero, muchas figuras de nuestro fútbol han sudado la elástica rojiamarilla en ese césped.

Jugadores con temple recio de defensores como Álvaro Grant McDonald, Germán Rodríguez, Javier “la mula” Angulo y Miguel Jasper Lacey, el talento, visión y elegancia de Julio Gómez, Carlos Camacho, Róger “el policía” Gómez, Germán Chavarría y Kenneth Paniagua, sumados a la letalidad de goleadores de la talla de Nilton Nóbrega, Claudio Jara, Nicolás Suazo o Nidelson da Silva Melo, por decir unos pocos, fueron algunos íconos que hicieron del Herediano un equipo glorioso a través de los años, engrandeciendo no solo sus colores, también sus símbolos, como lo es el Rosabal.

Los ídolos más contemporáneos no se quedan atrás, jugadores comprometidos con la camiseta del Team como Leonel Moreira, Pablo Salazar, Leonardo González, José Carlos Cancela, Óscar Esteban Granados, Esteban Ramírez, Yendrick Ruiz o Víctor “el Mambo” Núñez, han sido protagonistas de grandes gestas.

En la memoria del aficionado florense, quedará la remontada hecha en una final contra el Cartaginés, que significó la conquista del título 23 de la mano del “Yo cr3-0” (Yo creo), o el agónico gol de Keyner Brown en los últimos segundos de una final nacional contra Alajuelense, que a la postre le permitió al club la conquista del título 24 por la vía de los penales. ¡Qué noches mágicas! para la afición herediana.

Y aunque no significaron la obtención de un título, golear tres a cero al Club América de México, o empatar una desventaja de dos goles en los últimos cinco minutos contra el Tigres (de ese mismo país) también necesitaron su dosis de magia.

Hablemos también de “mañanas mágicas”, cuando el Herediano goleó al Deportivo Saprissa con marcador de seis a tres en la temporada 1993. “¡Pizarra!” coreaban los aficionados florenses esa ocasión.

El Rosabal Cordero, escenario de recuerdos para muchos, fue despedido con gran sentimiento por parte de la afición.

Hoy el Rosabal vivió su última noche mágica. El primer juego de la Final Nacional de la Liga Promérica fue recibido en un marco esplendoroso de tarde decembrina. Herediano y Alajuelense saltaron al terreno de juego en medio de cánticos y papel picado.

Un tempranero gol al minuto ocho, tras un remate en el área por parte de Ariel Soto, le permitió luego al Herediano dominar con orden y toque, resistiendo la esporádica presión y los ataques manudos que no fructificaron.

Finalizados los 90 minutos, los jugadores se fueron a los vestuarios de la misma manera de la que fueron recibidos: vitoreados, con cánticos de una hinchada que empezó a padecer de nostalgia cuando escuchó el juego de pólvora para despedir al estadio. Unos se sacaban fotos, otros demoraban su salida contemplándolo posiblemente por última vez, como queriendo quedarse ahí… recordando.

Cada aficionado contará las historias que recuerde con más cariño, cientos de anécdotas sobre buenos y malos momentos vivirán por siempre en las gradas de “la casa de don Eladio”.  

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