Dolor con cuerpo de mujer

Parecería inaudito creer que, a pesar de las restricciones sanitarias de distanciamiento social por la crisis del Covid-19, una mujer sea brutalmente asesinada o que sea secuestrada. ¿Sería muy incrédula la persona que lo considera así?

Desafortunadamente, aunque los costarricenses no deberían salir de sus casas y solo si es necesario para trabajar, presentarse a un centro de salud o comprar alimentos o productos de necesidades básicas, muchos lo hacen. Algunos lo hacen para “jugar de vivos” y otros para cazar. Los asesinos de mujeres parecen no respetar ninguna restricción, porque además nunca lo han hecho.

El 4 de marzo, una mujer en Cartago desapareció de la faz de la Tierra en tan solo 500 metros de recorrido. Hasta hoy, no hay rastros de su paradero más que algunos videos y una cédula de identidad. Lastimosamente, la familia de la chica de 18 años no ha podido estar tranquila desde entonces.

Solo un mes después, el domingo 5 de abril, otra mujer de 17 años en Alajuela fue hallada casi desnuda y muerta en los cauces de un río. Su autopsia dice que unas manos asesinas la asfixiaron hasta que perdiera la vida. Su familia y conocidos, no serán los mismos después de ese día.

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Estos son casos que salieron a la luz pública. ¿Cuántas mujeres vivirán con miedo encerradas en sus casas con su agresor o agresores? No sabemos cuántas mujeres han sido agredidas, secuestradas o matadas en estos días; esas de las que nadie nunca se entera.

Parecería inaudito creer que existen personas que criticaron de “innecesario” el accionar del Inamu durante esta situación del Covid-19, como si no fuera este organismo el único salvador de mujeres en muchos casos en este país. Es difícil de creer que la gente piense que todas las mujeres de Costa Rica la están pasando bien estos días que no pueden salir de sus casas ni contactar a nadie para pedir ayuda.

Como mujeres sentimos miedo y desesperación. Nos sentimos ultrajadas con solo salir al supermercado, ir a la universidad o al trabajo. No queremos depender de nadie para que nos proteja, pero si andamos solas es bastante probable que por lo menos nos griten una obscenidad. Sí, inclusive estos días que “no hay nadie en la calle”.

Nos están arrebatando nuestra libertad. Nos están matando. Pero nunca nos callarán, ya que alzaremos la voz juntas por nuestras vidas y gritaremos más fuerte por las que la han perdido a mano de los monstruos sin escrúpulos de este país. Solamente unida, Costa Rica será capaz de levantarse de la sombría realidad de los feminicidios, solamente unidos podremos luchar por la vida y burlar a la muerte.

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Glendy Pérez
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