El feminicidio es una realidad en este país, y aunque está tipificado y legislado (en matrimonio o unión de hecho), aún denota la desigualdad y la cultura machista que abunda no solo en Costa Rica, sino en Latinoamérica. Es injusto que, si bien han muerto más de 30 mujeres en lo que lleva el 2020, solo pocas de sus muertes pueden ser catalogadas como feminicidio por las leyes de este país.

A las mujeres nos están matando de a poco, pero para el Estado algunas de nuestras muertes no son catalogadas como feminicidios, porque no había amorío entre la víctima y su asesino. Una mujer que muere a causa de odio, por celos, por deseo sexual, por machismo total, es un feminicidio y debe ser catalogado como tal, y aún más importante, las penas de los asesinos deben ser fuertes, como sus actos descomunales.

Gritamos por las que no están, por las que fueron calladas y tratadas como una escoria; hace casi dos meses encontraban a María Luisa muerta en un hotel, hace seis meses se perdió Allison y hoy se sabe de su muerte macabra, hoy encontraron a una mujer de 64 años que fue asesinada en su propia casa, en el 2019 se conocieron 13 casos de asesinatos a mujeres, años atrás salieron a la luz muchos más casos. Aquí podemos seguir llenando páginas con información de feminicidios, solamente con datos de Costa Rica.

El machismo y el patriarcado no es de algunos meses o años atrás, sino desde hace siglos. Las mujeres hemos sido violentadas, ultrajadas y vistas como objetos desde el inicio de la historia, y aquí seguimos nuestra lucha, pero ya no nos van a callar.

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Hablo por las que no están. A mí no me han matado, pero no me dejan vivir en paz. Todas las mujeres vivimos con miedo, todos los días; y ningún hombre ha experimentado nuestro miedo, algunos nunca lo conocerán. Vivir en Costa Rica siendo mujer es un desafío, vivir en Costa Rica siendo mujer duele, da miedo, da desesperación, da ira, da sentimientos inexplicables.

Nacer mujer en mi país es una sentencia de muerte, a como hoy estoy viva, puede que mañana no, porque todos los días debo pensar en cómo vestirme, por donde caminar, con quién hablar, en quien confiar, por dónde correr, qué gritar, cómo tratar de defenderme. Ser mujer y poder contar mis historias debería considerarse un logro, no todas cuentan con la misma suerte.

Mis lágrimas se transforman en ira que hace erupción dentro de mí. Además de sentir miedo y desesperación, las mujeres nos hemos convertido en nuestras propias heroínas y lucharemos incansablemente hasta alcanzar la igualdad en esta sociedad.

¡Yo no necesito que me cuiden ni que me protejan para que no me maten, yo necesito vivir tranquila!

¡Yo gritaré y pelearé por mis derechos, por los de todas, porque merezco sentirme libre de ser mujer, merezco vivir siendo mujer!

Glendy Pérez
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