• Antes de casarse con Isabel, Felipe de Grecia y Dinamarca tuvo una vida propia, trágica y trepidante.

Hijo de Andrés de Grecia y Alicia de Battenberg y nacido en la isla griega de Corfú en 1921, Felipe de Edimburgo, metido en una caja de frutas cuando era un bebé, tuvo que huir de su país natal. Se convirtió en un refugiado de guerra gracias a que su madre y él fueron rescatados por un buque de la armada británica y terminaron trasladándose hasta París para vivir allí durante algunos años.

Despojados de la nacionalidad griega por su propio país, obtuvieron más tarde la danesa, pero la vida de Felipe estuvo marcada por la pobreza, a menudo ayudado económicamente por algunos de sus tíos aristócratas. Felipe estuvo viviendo en Alemania y estudiando en la severa escuela Salem, que preparaba a futuros dirigentes alemanes.

Nacido en la isla griega de Corfú en 1921. Cortesía: © GETTY IMAGES

Como único hijo del príncipe Andrés de Grecia, Felipe obtuvo desde su nacimientos los títulos de príncipe de Grecia y de Dinamarca. Su familia paterna era de origen danés, ya que el príncipe Andrés de Grecia era nieto de Christian IX de Dinamarca. Su madre, la princesa Alicia de Battenberg, era la primogénita del príncipe Luis de Battenberg y hermana del conde de Mountbatten de Birmania, el famoso Lord Mountbatten.

En el año 1947, año de su boda con la futura reina Isabel, el príncipe Felipe se nacionalizó británico y renunció a todos sus derechos a la Corona griega. El padre de Isabel, a raíz de ese matrimonio, otorgó a Felipe los títulos de duque de Edimburgo, conde de Merioneth, barón de Greenwich Felipe de Grecia y de Dinamarca, empezó a ser conocido como Felipe de Edimburgo. y caballero de la Jarretera; de ese modo el príncipe consorte, que era llamado Felipe de Grecia y de Dinamarca, empezó a ser conocido como Felipe de Edimburgo.

Más de 2.000 invitados con cientos de nobles y hasta 10 monarcas de todo el mundo. Cortesía:  © GTRES ONLINE

Su vida

Su educación la recibió en una escuela privada de Francia, pero en el año 1928 viajó a Gran Bretaña para estudiar en la Cheam Preparatory School, ahí permaneció hasta los doce años. Luego, estuvo un año en la Escuela de Salem, esto en el sur de Alemania. Y culminó su educación en la exclusiva Gordonstoun School de Morayshire. 

Cuando cumplió los 12 años de edad, ingresó en el exigente internado de Gordonstoun, en Escocia. Cortesía: © GETTY IMAGES

11 años después, con sus estudios terminados, se enroló en la Royal Navy como cadete, tres años después se convirtió, a sus veintiún años, en el más joven subcomandante de la Armada y ocupó el cargo en el Wallace, buque que, en julio de 1943, intervino en el desembarco aliado en Sicilia. Dos años después de esto, participó en la batalla de Matapan contra la flota italiana y en septiembre de 1945 fue testigo de la rendición japonesa en la bahía de Tokio.

Cuando dejó la escuela de Gordonstoun, se unió a la Real Marina Británica. Cortesía:  © GETTY IMAGES.

Isabel y Felipe se conocieron en el verano de 1939. Cuando ella tenía trece años y aún la llamaban Lilibet; él tenía diecinueve, quien era un apuesto cadete de la Real Academia Naval de Dartmouth y sobrino de lord Mountbatten, que había llegado a puerto en el yate real Victoria & Albert como invitado de los reyes y de sus dos hijas. Felipe fue invitado a cenar a bordo. 

Las personas que lo conocieron desde niño, aseguran que el príncipe Felipe desde pequeño creó una coraza que se vio en la necesidad de crear para superar sus traumas de su atribulada infancia; su madre, esquizofrénica, y su padre, que moriría cuando Felipe era aún un niño. Él buscó consuelo en una amante y en las mesas de juego de Montecarlo.

Noviazgo y boda

Sin importar si estaba enamorado o no, Felipe de Edimburgo correspondió los sentimientos con Isabel durante la Segunda Guerra Mundial, mientras él servía en la Marina. Ella lo esperó hasta 1946, ignorando a sus pretendientes en ese momento. La corte de Londres se mantuvo escéptica y desconfiaba del casamentero lord Mountbatten porque aún no se había repuesto de la abdicación de Eduardo VIII a causa de su relación amorosa con la divorciada estadounidense Wallis Simpson. 

Finalmente, el rey Jorge VI dio el consentimiento al compromiso en julio de 1947. Para entonces Felipe, perteneciente a una rama marginal y empobrecida de la realeza europea, estrechamente vinculada a Alemania en una época de creciente germanofobia, ya había obtenido el pasaporte británico y adoptado la traducción inglesa de su apellido materno, Mountbatten, en lugar de la retahíla de apellidos paternos: Scheswig Holstein Sonderburg Glucksburg.

El 20 de noviembre de 1947 se realizó la boda en la abadía de Westminster, con asistencia de toda la realiza europea, pero ninguna de las tres hermanas de Felipe, casadas con alemanes, fue invitada a la ceremonia, como tampoco el duque de Windsor. 

Aquella armoniosa relación se rompió cuando Isabel tuvo que suceder a su padre, fallecido en 1952. El equilibrio de poder en la pareja se rompió. Felipe vio como su esposa iba por otros derroteros, agobiada por los compromisos oficiales. Él pasó a ser simplemente el «príncipe consorte».

Lo que más le dolió fue que Isabel II, el día de su coronación, el 2 de junio de 1953, no renunciara al apellido Windsor (que había ostentado su familia desde 1917) en favor de Mountbatten, que había adoptado Felipe. Años después, los miembros más jóvenes de la familia real adoptarían el título compuesto de Mountbatten-Windsor, pero la humillación ya había hecho mella en el carácter dominante de Felipe.

Los rumores sobre la crisis matrimonial no se dejaron esperar, aunque no tenían fundamento. Entre octubre 1956 y febrero de 1957, Felipe emprendió un largo viaje solo, esto fue interpretado como una ruptura informal, y alimentaba también los rumores de presuntas infidelidades.

Desde aquella época se le han atribuido romances con la escritora Daphne du Maurier, cuyo marido trabajaba en la oficina del príncipe; con Hélène Cordet, la dueña de un cabaret, amiga de la infancia y madre de uno de los ahijados de Felipe, y con Pat Kirkwood, una estrella del music hall que despertaba la admiración de los hombres por sus largas y esbeltas piernas.

Deportes y medio ambiente

Apasionado por toda clase de deportes (en especial el polo, la navegación y la caza), el protocolo le aburría, y no lo disimulaba; se ganó con ello la antipatía de los miembros más rígidos de la aristocracia, que criticaron su poco sentido de la diplomacia y su ruda naturalidad. 

Su pasión por el medio ambiente le llevó a convertirse, en 1959, en miembro activo del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, en sus siglas inglesas), organismo del que fue nombrado presidente en 1981. Es quizás la única ocupación que se tomó en serio y a la que dedicó su talento; posteriormente fue su presidente honorario.

Cortesía: © GETTY IMAGES

Fue asimismo presidente de la Federación Ecuestre Internacional desde 1964 hasta 1986, presidente del Concilio Central de Investigación Física y almirante del Escuadrón del Yate Real, entre otros numerosos cargos. 

Apenas hubo aspectos de la actividad industrial de Gran Bretaña con los que no estuviera familiarizado, pues solía visitar todos los centros de investigación científica y técnica; desde 1952 fue presidente de la Asociación para el Avance de la Ciencia.

Retiro

Después de pasar más de la mitad de su vida sirviendo a la corona británica y de haber llevado a cabo más de 22.000 compromisos en solitario, Felipe de Edimburgo anunció su retiro de la vida pública como representante de la corona británica cuando llegó a la edad de 96 años. No obstante, no terminó su relación profesional con las 780 organizaciones con las que había trabajado en el pasado. Él se definía a sí mismo en tono jocoso como “el descubridor de placas más experimentado del mundo”, pero también se contaba que siempre le agradeció a Isabell II haber podido darle lo que nunca tuvo: una familia propia.

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Familia y vida tranquila

La longevidad del duque de Edimburgo le permitió conocer también a sus bisnietos, entre los que se encuentra el tercero en la línea de sucesión al trono británico -solo por detrás de su hijo Carlos y de Guillermo-, el príncipe George. Además de sus hermanos Charlotte y Louis y el más pequeño de toda la familia: Archie Mountbatten-Windsor, el primogénito del príncipe Harry y de Meghan Markle.

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Desde su retirada de la vida pública, Felipe de Edimburgo se dedicó a la lectura y la pintura. Su último cumpleaños, en julio del año pasado, lo celebró en la intimidad junto a la reina. Se mantenía en contacto con sus hijos y nietos a través de escasas videollamadas. Privado de la conducción y con recurrentes problemas médicos, los últimos años del príncipe los destinó, por fin, a vivir al margen de sus deberes regios, ya sólo como esposo y jubilado tardío. Habría cumplido 100 años dentro de tres meses.

Claudia Gonzalez

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