Hoy, después de tantos años de discusiones y plegarias de los costarricenses, sesiones desperdiciadas y vacaciones legislativas de por medio, se aprobó en segundo debate el expediente N° 20.299 – Ley contra el acoso sexual callejero. Falta la firma del Presidente y su publicación oficial para hacer regir la nueva ley de la república.

Esta ley define el acoso callejero como: “toda conducta con connotación sexual y con carácter unidireccional, sin que medie el consentimiento ni aceptación de la persona a la que está dirigida, con potencial de causar molestia, malestar, intimidación, humillación, inseguridad, miedo y ofensa, que proviene generalmente de una persona desconocida y que tiene lugar en espacios públicos.”

La ley salvaguarda a todas las personas que puedan llegar a ser víctimas del acoso callejero, pero seamos realistas, las mujeres somos los personajes principales de este tipo de persecución. ¿Quién siendo mujer en Costa Rica no ha sido víctima de una mirada, una palabra o incluso un acto sexual?

La definición extensiva no es necesaria porque todas las mujeres, y desde muy jóvenes, hemos experimentado el acoso en la calle. Sea porque llevamos poca o mucha ropa, andemos solas o acompañadas, tengamos pocos o muchos años; todas en algún momento del día (o varios momentos en uno mismo) nos hemos sentido denigradas por miradas, palabras o actos desagradables hacia nosotras.

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Al año, llegan aproximadamente 7000 denuncias de acoso sexual callejero a los tribunales costarricenses. Gracias a esta ley se podrán tipificar los diferentes actos de acoso sexual callejero y penalizar con multas monetarias o medidas carcelarias.

¡Ha sido suficiente! Esta lucha se nos puso en la espalda desde el nacimiento, solo por ser mujeres debíamos aguantarnos tantas obscenidades, pero no más. Basta de bajar la cabeza cuando nos gritan asquerosidades en la calle, basta de mirar hacia otro lado cuando nos miran indecorosamente, basta de correr cuando nos persiguen, basta de andar con miedo ante los hombres.

Las mujeres somos valientes y con esta nueva ley podemos hacer valer, aún más, nuestros derechos como ciudadanas; por primera vez en muchos años podemos sentirnos amparadas por el gobierno. Que se vengan las miradas, las palabras y los actos porque ya no tenemos miedo, y ahora sí hay consecuencias por sus “actos de machos dominantes”.

Es hora de que las mujeres caminen con prestancia y valentía, es hora de dejar el miedo atrás y denunciar el acoso callejero. Como mujer me comprometo a denunciar a cada persona que intente denigrar mi esencia. ¡Nunca nos van a callar! ¡Unidas somos más! Primer paso de muchos más por dar.

Glendy Pérez
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